Receta de Aperitivo Salmón Teriyaki
Preparar un buen aperitivo en casa no tiene por qué ser una tarea compleja ni requerir horas interminables en la cocina. Esta preparación se basa en transformar ingredientes cotidianos en un bocado excepcional, logrando una textura crujiente por fuera y sumamente jugosa por dentro. La esencia de este plato radica en el equilibrio exacto entre lo salado y lo dulce, una característica fundamental de la cocina de inspiración asiática que se ha vuelto indispensable en las mesas modernas. Las tendencias de cocina casera en 2026 valoran especialmente las preparaciones rápidas que no comprometen la calidad nutricional ni la presentación, y esta opción cumple perfectamente con esos requisitos.
El protagonista indiscutible aquí es el salmón, un pescado noble que aporta grasas saludables y una textura firme que soporta muy bien el calor intenso. Al cortarlo en cubos, se maximiza la superficie de contacto con el calor, lo que permite crear una costra caramelizada en cada bocado. Este formato es ideal cuando se busca servir la preparación como un aperitivo, ya que facilita que los invitados o la familia puedan disfrutarlo en porciones pequeñas y manejables, sin necesidad de usar cuchillo y tenedor formales.
La clave del éxito en esta receta es la salsa casera. Atrás quedaron los días de depender de botellas comerciales llenas de conservantes y espesantes artificiales. Crear una mezcla propia en la cocina garantiza el control absoluto sobre la cantidad de sodio y azúcar, permitiendo ajustar los matices a las preferencias de los comensales. Al combinar elementos como el vinagre de arroz y el jengibre fresco, se logra una acidez y un picor sutil que cortan la riqueza natural del pescado, creando una experiencia en el paladar que invita a seguir comiendo. Es un plato que demuestra que la técnica correcta y la comprensión de los ingredientes pueden elevar una simple cena de martes a una experiencia de restaurante.
Entender la reacción de los azúcares al calor es fundamental aquí. La miel y el azúcar moreno presentes en los líquidos no solo endulzan, sino que son responsables de ese brillo característico, conocido históricamente en el estilo japonés como «teri» (brillo) y «yaki» (asar o dorar). Cuando estos azúcares tocan la sartén caliente, se reducen rápidamente, envolviendo cada trozo de pescado en una capa espesa y aromática. Este proceso requiere atención visual y olfativa, observando cómo las burbujas cambian de tamaño a medida que el agua se evapora y los sabores se concentran al máximo.
Además de su perfil gustativo, este tipo de preparaciones fomenta la confianza en la cocina diaria. Al dominar el punto exacto de cocción de una proteína delicada y comprender cómo balancear líquidos ácidos, salados y dulces, se abren las puertas para experimentar con otras proteínas o vegetales utilizando la misma base. Es una receta que perdona errores menores, siempre y cuando se respete la temperatura y no se abandone la sartén durante los minutos críticos de reducción. Vamos a detallar cada fase para asegurar un resultado perfecto en el primer intento.
Tiempo de preparación
El control del tiempo es el mejor aliado en la cocina casera. Para esta receta, la organización previa, conocida en el ámbito profesional como mise en place, marca la diferencia entre una experiencia relajada y un momento de estrés frente a los fogones. El tiempo total estimado para llevar este plato a la mesa es de veinticinco minutos, un margen sumamente eficiente para un plato de esta calidad. Este lapso se divide en dos fases muy claras que requieren enfoques distintos por parte de quien cocina.
Fase de preparación: Se requieren aproximadamente diez minutos de trabajo en la tabla de picar y el bol. Durante este tiempo, la tarea principal es porcionar el pescado en cubos uniformes. La uniformidad no es un capricho estético; es una necesidad técnica. Si los trozos tienen diferentes tamaños, los más pequeños se secarán y tendrán una textura gomosa, mientras que los más grandes quedarán crudos en el centro. Además, estos diez minutos incluyen pelar y rallar el jengibre y el ajo, así como medir los líquidos para la mezcla dulce y salada. Tener todo medido y mezclado antes de encender el fuego evita que el pescado se cocine de más mientras se busca un ingrediente olvidado en la despensa.
Fase de cocción: Quince minutos son suficientes para transformar los ingredientes crudos en la obra final. Los primeros minutos están dedicados exclusivamente a dorar la proteína a fuego medio-alto. Aquí se busca una reacción rápida en la superficie sin que el calor penetre demasiado profundo en los primeros instantes. Una vez que se logra el dorado, se introduce la mezcla de líquidos. Los minutos restantes son un ejercicio de paciencia activa, removiendo suavemente para que los azúcares se reduzcan y espesen sin llegar a quemarse. Es un proceso rápido que exige presencia constante junto a la sartén.
Porciones y dificultad: Las cantidades establecidas rinden para cuatro porciones, considerando que se sirve en formato de raciones pequeñas o acompañado de otros complementos. La dificultad se clasifica como sencilla, lo que significa que cualquier persona, independientemente de su experiencia previa, puede lograr un resultado óptimo siguiendo las señales visuales correctas. No se requieren técnicas avanzadas de corte ni conocimientos profundos sobre puntos de cocción de carnes complejas, solo atención plena durante el breve tiempo que la sartén está sobre el fuego.
La eficiencia de estos veinticinco minutos radica en no superponer tareas que requieran la misma atención. Mezclar los líquidos mientras el aceite se calienta es una buena práctica, pero intentar cortar el ajo mientras el pescado ya está dorándose suele resultar en ajo quemado o proteína sobrecocida. El respeto por estos tiempos y su correcta administración garantizan que los sabores se desarrollen adecuadamente y que la textura final sea exactamente la esperada: firme al morder, pero que se deshaga suavemente en el paladar.
Ingredientes
La selección cuidadosa de los ingredientes es el cimiento sobre el cual se construye todo el perfil de este plato. No se trata solo de reunir componentes, sino de entender la función química y gustativa que cada uno aporta a la sartén.
Proteína principal: Necesitas 450 gramos de filete de salmón. Es preferible pedir un corte limpio y sin piel para facilitar el trabajo en casa. El salmón salvaje suele tener un color más intenso y un sabor más profundo, pero las opciones de criadero también funcionan perfectamente por su mayor contenido de grasa, que ayuda a mantener la jugosidad durante el dorado. Si utilizas pescado congelado, es imperativo dejarlo descongelar lentamente en el refrigerador desde la noche anterior y secarlo exhaustivamente con papel de cocina antes de cortarlo, ya que el exceso de agua impedirá que se forme la costra en la sartén.
Grasa de cocción: Una cucharada de aceite vegetal de sabor neutro es ideal. El aceite de girasol, canola o maíz soporta temperaturas altas sin humear rápidamente y no interfiere con los matices asiáticos. Se desaconseja el uso de aceite de oliva virgen extra en este paso inicial, ya que su sabor frutado y potente enmascararía la delicadeza del resto de los componentes y su punto de humo es demasiado bajo para el dorado vigoroso que buscamos.
Base salada: Media taza de salsa de soja baja en sodio. Utilizar la versión reducida en sal es fundamental porque la receta se va a reducir en el fuego. Si se usara la versión tradicional, al evaporarse el agua de la salsa durante la cocción, el resultado final sería abrumadoramente salado, arruinando el paladar. Para quienes buscan opciones sin gluten, el tamari es el sustituto directo que aporta la misma profundidad umami.
Aportes dulces: Se requiere una cucharada de azúcar moreno ligero y una cucharada de miel. El azúcar moreno aporta notas a melaza y ayuda a la rápida caramelización, mientras que la miel aporta viscosidad, logrando que el líquido se adhiera mejor a los trozos de carne. Esta combinación de dos azúcares diferentes crea una textura en el glaseado que no se consigue usando solo azúcar blanca.
Aromáticos y ácidos: Dos cucharadas de vinagre de arroz son necesarias para aportar la acidez que equilibra el dulzor. Si no se cuenta con él, el vinagre de sidra de manzana es un sustituto aceptable. Además, se incorpora media cucharadita de aceite de sésamo para perfumar; su sabor es muy invasivo, por lo que debe medirse con precaución. Se requiere también una cucharadita de jengibre fresco rallado y una cucharadita de ajo fresco rallado. Es crucial evitar el uso de ajo o jengibre en polvo, ya que carecen de los aceites esenciales vibrantes que otorgan frescura a la preparación. Como elemento opcional, una cucharadita de salsa Sriracha aporta un nivel de calor muy interesante que despierta las papilas gustativas.
Para los toques finales: Dos cebolletas cortadas finamente y dos cucharaditas de semillas de sésamo. Las cebolletas aportan un toque herbáceo y crujiente que contrasta con la textura suave y cocida del resto del plato, mientras que las semillas, preferiblemente tostadas previamente en una sartén seca durante unos segundos, aportan un sutil sabor a nuez y un atractivo visual clásico.
Utensilios que usaremos
El equipamiento necesario para ejecutar esta preparación es básico y se encuentra en la gran mayoría de las cocinas domésticas. No es necesario invertir en herramientas profesionales; basta con saber utilizar correctamente lo que se tiene a mano para extraer el máximo provecho de cada acción.
Sartén amplia: El elemento más importante es una sartén grande que permita distribuir todos los cubos de salmón en una sola capa sin que se amontonen. Si los trozos están demasiado juntos, la temperatura de la sartén bajará drásticamente y el pescado comenzará a hervir en sus propios jugos en lugar de dorarse, arruinando la textura. Una sartén antiadherente es ideal para quienes buscan facilidad al momento de voltear las piezas sin riesgo de que se peguen. Si prefieres usar acero al carbono o hierro fundido, asegúrate de precalentarlo adecuadamente y de que la superficie esté bien lubricada para evitar desastres.
Bol de preparación: Un recipiente de tamaño mediano es esencial para integrar los líquidos y aromáticos de la marinada. Puede ser de vidrio, cerámica o acero inoxidable. Lo importante es que ofrezca suficiente espacio para batir con energía sin derramar el contenido, permitiendo que la miel y el azúcar se disuelvan completamente en los elementos líquidos antes de llevarlos al calor.
Herramientas de corte: Un cuchillo con buen filo y una tabla de cortar estable. El pescado crudo es resbaladizo y de fibra delicada. Un cuchillo sin filo aplastará la carne en lugar de cortarla, dañando la estructura del alimento. Para la tabla, asegúrate de colocar un paño húmedo debajo de ella en la encimera; este simple ajuste evitará que la tabla se deslice mientras trabajas, previniendo accidentes.
Utensilios de mezcla y manipulación: Un batidor de varillas manual pequeño o, en su defecto, un tenedor común, es necesario para emulsionar los ingredientes de la salsa. Para manipular el alimento en la sartén, una espátula de silicona o pinzas de cocina son perfectas. Las pinzas permiten tomar cada cubo individualmente y girarlo con precisión milimétrica, asegurando un dorado parejo en todas sus caras. Si usas sartenes con recubrimiento, asegúrate de que tus pinzas tengan puntas de silicona para no rayar la superficie.
Rallador: Un rallador fino es necesario para el ajo y el jengibre. Los ralladores estilo Microplane son excelentes porque reducen estas raíces a un puré casi líquido que se funde en la salsa sin dejar trozos fibrosos. Si no tienes uno, la alternativa casera es picar todo lo más fino posible con el cuchillo y luego aplastar los pedacitos contra la tabla usando la hoja del cuchillo y una pizca de sal, formando una pasta rústica.
Preparación
El proceso de cocción demanda atención a los detalles visuales y olfativos. A medida que avanzamos por cada paso, es fundamental confiar en los sentidos más que en el reloj, ya que la potencia de cada estufa y el grosor de cada sartén varían enormemente en cada hogar.
Paso preliminar de organización: Antes de acercarte al calor, asegúrate de tener el pescado cortado en dados de un bocado, secos y listos. En tu bol mediano, incorpora la salsa de soja baja en sodio, el azúcar moreno, la miel, el vinagre de arroz, el aceite de sésamo, el jengibre rallado, el ajo rallado y, si decidiste usarla, la Sriracha. Bate vigorosamente hasta que no sientas la textura granulada del azúcar en el fondo del bol. Esta mezcla debe estar al alcance de la mano junto a la estufa.
El dorado inicial: Coloca la sartén grande sobre la estufa a fuego medio-alto y añade el aceite vegetal. Espera unos instantes hasta que el aceite brille y se mueva con ligereza al inclinar la sartén; esta es la señal de que está listo. Introduce los cubos de salmón, asegurándote de que todos toquen el fondo. Deja que se cocinen sin moverlos durante aproximadamente dos minutos. Notarás que los bordes inferiores cambian de color, pasando de un tono translúcido a un rosa opaco. En este punto, usa tus pinzas o espátula para girar cada pieza con cuidado. Continúa cocinando por todos los lados hasta que notes un dorado ligero y el interior esté casi cocido al tacto, pero aún ligeramente tierno en el centro. Si sientes que la sartén humea demasiado, baja un poco el fuego.
La incorporación de líquidos: Con el pescado ya dorado, vierte el contenido de tu bol directamente en la sartén. Al instante, escucharás un burbujeo fuerte y el aroma a jengibre y ajo inundará la cocina. Reduce el fuego a un nivel medio. En esta etapa, el líquido comenzará a evaporarse, concentrando los azúcares. Usa una cuchara para recoger el líquido de los bordes y bañar constantemente los trozos de pescado. Este glaseado continuo es vital para que adquieran ese brillo característico y absorban todos los matices del líquido sin resecarse por dentro.
El punto exacto de espesor: Continúa cocinando y observando. Tras unos minutos, notarás que las burbujas que se forman en la superficie de la sartén se vuelven más grandes y tardan más en romperse. Al pasar la espátula por el fondo, debe dejar un surco que tarde un segundo en volver a cerrarse. Esta es la señal inequívoca de que la reducción ha alcanzado su punto óptimo de espesor. El pescado debe estar envuelto en una capa densa y brillante. Apaga el fuego de inmediato para detener la cocción; el calor residual terminará de asentar los jugos.
Para terminar y servir, retira la sartén del foco de calor y espolvorea inmediatamente las cebolletas cortadas y las semillas de sésamo por encima, aprovechando el vapor final para que se adhieran. Si lo deseas, puedes separar los trozos y servirlos sobre una base neutra. Sirve caliente para disfrutar del contraste entre el glaseado denso y la suavidad de la carne interna. Acompáñalo con arroz blanco recién hecho o dispón las piezas en una fuente central con pequeños palillos si la ocasión es informal y festiva. En caso de que tengas una cena extensa y desees empezar con algo diferente, una excelente idea es servir antes un risotto de mariscos para mantener la temática de productos del mar en el menú.
Información Nutricional
Comprender el perfil nutricional de lo que llevamos a la mesa es un aspecto fundamental de la cocina moderna consciente. Cada porción de esta preparación aporta un balance interesante de macronutrientes, diseñado para satisfacer el apetito sin generar pesadez, ideal para integrarse en dietas equilibradas y dinámicas. La energía principal proviene de grasas de alta calidad y proteínas de alto valor biológico. Una ración de este plato contiene aproximadamente trescientas diez kilocalorías, un número bastante moderado considerando la riqueza y profundidad que se experimenta en el paladar.
El aporte proteico es el pilar de la receta. Al consumir una porción, se obtienen alrededor de veinticuatro gramos de proteínas. Estas son esenciales para el mantenimiento de la estructura muscular y proporcionan una sensación de saciedad prolongada, lo que evita los picos de hambre poco después de comer. El pescado utilizado es mundialmente reconocido por la calidad de sus fibras musculares, que el cuerpo humano asimila con gran eficiencia.
En cuanto a las grasas, cada porción aporta cerca de catorce gramos. Es vital comprender que la mayoría de estos lípidos son insaturados, provenientes directamente de los aceites naturales del pescado y, en menor medida, del aceite de sésamo utilizado en el aderezo final. Estas son las grasas que la nutrición contemporánea fomenta consumir, alejándose del estigma negativo que las grasas tenían en décadas pasadas.
El contenido de carbohidratos ronda los dieciséis gramos por ración. Este número proviene casi exclusivamente de los azúcares añadidos en la reducción, es decir, la miel y el azúcar moreno. Estos elementos son responsables de la caramelización y textura espesa de los líquidos, aportando energía de rápida absorción. El nivel de fibra dietética es mínimo, cercano a medio gramo, derivado únicamente del ajo, el jengibre y las guarniciones como la cebolleta. Por esta razón, siempre se recomienda combinar la preparación con vegetales al vapor o ensaladas frescas que complementen esta carencia.
Por último, es importante mencionar que estos valores son estimaciones aproximadas basadas en una distribución equitativa de los ingredientes en cuatro porciones iguales. Variables como la cantidad de reducción que queda en la sartén y no se sirve, o la diferencia en el porcentaje graso natural de distintos cortes de pescado, pueden alterar ligeramente estos números en la práctica casera diaria.
5 claves para que quede perfecto
Lograr la excelencia en un plato aparentemente sencillo depende casi por completo de la atención a pequeños detalles durante el proceso de manipulación y cocción. La primera clave fundamental es el tamaño uniforme de los cortes. Cuando divides el filete, debes esforzarte por lograr dados del mismo tamaño. Si omites este paso y dejas pedazos irregulares, los más pequeños se deshidratarán rápidamente y adquirirán una textura correosa, mientras que los gruesos mantendrán un centro frío y crudo. Un cuchillo bien afilado es tu mejor herramienta para lograr cortes precisos sin desgarrar las delicadas fibras de la proteína.
La segunda clave radica en la temperatura inicial de la sartén. El aceite debe estar suficientemente caliente antes de introducir cualquier alimento. Si colocas los dados en una superficie tibia, estos absorberán la grasa y comenzarán a hervir lentamente, perdiendo la oportunidad de desarrollar esa codiciada costra dorada exterior que sella los jugos en su interior. La paciencia de esperar unos minutos extra hasta que el aceite ondule sutilmente marca la diferencia entre una textura blanda y una textura profesionalmente sellada.
La tercera regla de oro es evitar añadir sal extra a la proteína en crudo. En la mayoría de las preparaciones de carnes, salpimentar previamente es casi obligatorio, pero aquí es un error garrafal. La base líquida que preparamos con soja ya contiene una concentración de sodio muy elevada. Si añades sal al principio, al momento en que los líquidos se reduzcan y concentren sus sabores, el resultado final será incomiblemente salado. Confía en el condimento que aporta la mezcla.
El cuarto punto se centra en el manejo del glaseado y su espesor. A veces, la humedad residual del pescado puede hacer que los líquidos tarden en reducirse de manera natural. Si notas que han pasado varios minutos y la mezcla sigue estando líquida como el agua, el consejo práctico es retirar temporalmente los trozos de carne para evitar que se sobrecocinen. Deja que el líquido hierva solo en la sartén hasta que logre la consistencia de un jarabe ligero. Si prefieres un método más rápido, puedes añadir una mezcla de dos cucharadas de agua fría combinadas con una cucharadita de maicena; al verter esto y revolver, el líquido espesará en segundos.
La quinta y última clave es el reposo. Al igual que con cualquier otra carne asada o a la plancha, los jugos internos necesitan unos instantes para redistribuirse tras ser expuestos a un calor agresivo. Una vez que apagas el fuego y aplicas las cebolletas, espera un par de minutos antes de llevar el bocado a la boca. Este breve lapso asegura que, al morder, la humedad se mantenga en el centro y no se derrame en el plato, logrando una experiencia sensorial redonda y reconfortante. Si te sobra algo de tiempo y quieres preparar un menú completo, puedes explorar opciones ligeras para iniciar, como un ceviche fresco, que limpia el paladar antes de los tonos dulces de nuestro plato principal.
¿Cuándo es ideal disfrutarlo?
La versatilidad de este aperitivo es uno de sus mayores atractivos, adaptándose con gracia a una amplia variedad de situaciones y formatos de alimentación. Por su naturaleza, que equilibra matices dulces y salados con un bocado tierno, resulta una opción brillante para las reuniones de fin de semana. Cuando recibes invitados en casa, ofrecer pequeños cuencos con estos dados glaseados acompañados de palillos de madera transforma instantáneamente el ambiente de la sala, aportando un toque de sofisticación informal. Funciona maravillosamente como un rompehielos culinario mientras se preparan los platos principales, manteniendo a los comensales satisfechos pero sin llegar a llenarlos en exceso.
En el contexto del día a día, esta preparación se convierte en una aliada inestimable para las cenas familiares rápidas. Después de una jornada agotadora, la idea de pasar horas frente a la estufa suele ser poco atractiva. Este plato permite ofrecer una comida reconfortante, de aspecto elaborado y de alto valor nutricional, en apenas veinticinco minutos. Servido generosamente sobre una cama de arroz blanco al vapor o fideos de arroz, el glaseado sobrante de la sartén impregna los carbohidratos, creando un plato principal completo y satisfactorio que encanta tanto a adultos como a los más jóvenes del hogar.
Otra ocasión estelar para esta receta es su aplicación en la preparación de comidas semanales o meal prep. La vida moderna exige organización, y estos dados glaseados se recalientan sorprendentemente bien sin perder excesiva calidad, a diferencia de otras preparaciones de mariscos que pueden volverse gomosas. Para aprovecharlo en la oficina o durante la semana, basta con distribuir porciones en recipientes herméticos junto a una base de granos y vegetales al vapor, como brócoli o tirabeques. Al calentarlo suavemente en el microondas, los aromas de ajo y jengibre vuelven a cobrar vida.
Incluso en temporadas cálidas, este plato mantiene su relevancia. Como aperitivo frío, los sabores de la reducción se asientan y se vuelven aún más pronunciados. Se puede disfrutar a temperatura ambiente sobre hojas de lechuga fresca a modo de tacos ligeros, lo que aporta una textura crujiente y refrescante que contrasta con la intensidad de la carne. La acidez sutil del vinagre de arroz destaca especialmente cuando el plato no está humeante, demostrando que su arquitectura de sabores está diseñada para funcionar sin importar la estación del año o la temperatura de servicio.
Para garantizar que las sobras mantengan su esplendor, el almacenamiento adecuado es vital. Los recipientes de vidrio herméticos son la mejor opción, ya que no absorben olores y permiten visualizar el contenido. Al guardarlo en el refrigerador, se mantiene en condiciones óptimas durante un máximo de cuatro días. Al momento de reutilizarlo, siempre es recomendable añadir un par de gotas de agua antes de aplicar calor, lo que ayuda a aflojar los azúcares cristalizados del glaseado, devolviéndole su textura melosa original sin secar el interior de la proteína.
Glosario culinario práctico
Para movernos con soltura en la cocina casera, es útil familiarizarse con ciertos términos técnicos que aparecen frecuentemente en recetas de este estilo. Conocer su significado simplifica las instrucciones y nos ayuda a entender el propósito detrás de cada acción que realizamos frente a los fogones.
Sellar: Este término hace referencia a la técnica de exponer un alimento, generalmente una proteína, a un calor elevado durante un corto periodo de tiempo. El objetivo no es cocinar el interior del alimento, sino provocar una rápida reacción en la superficie que genere una costra dorada. Esta costra mejora enormemente la apariencia visual, aporta sabores profundos a tostado y ayuda a proteger la textura interna durante el resto del proceso de cocción.
Reducir: Es el proceso de espesar y concentrar el sabor de una mezcla líquida mediante ebullición o fuego lento prolongado. A medida que el calor evapora el agua contenida en la mezcla, los azúcares, las sales y los compuestos aromáticos se vuelven más densos y potentes. En el contexto de los glaseados, una reducción correcta transforma líquidos ligeros en salsas con textura de jarabe que recubren los alimentos uniformemente.
Rallar: Consiste en desmenuzar un ingrediente sólido en fragmentos minúsculos frotándolo contra una superficie áspera y perforada. A diferencia de picar con cuchillo, rallar ingredientes como el ajo o las raíces aromáticas rompe intensamente sus células estructurales, liberando una cantidad significativamente mayor de jugos y aceites esenciales. Esto asegura que el sabor se distribuya de manera homogénea en las mezclas sin dejar trozos perceptibles al masticar.
Cubos: Referido al corte, implica dividir un alimento en trozos geométricos lo más parecidos posible a un cuadrado tridimensional. Más allá de la estética, la importancia de este corte radica en la cocción uniforme; al tener todos los lados de dimensiones similares, el calor penetra a la misma velocidad desde todas las direcciones, asegurando que el centro alcance su punto exacto al mismo tiempo en todas las piezas de la sartén.
Espesar: Es la acción de aumentar la densidad o viscosidad de un líquido. Puede lograrse de manera natural mediante la técnica de reducción mencionada anteriormente, o de manera artificial mediante la adición de agentes aglutinantes como la maicena disuelta en agua fría. Un líquido correctamente espesado debe tener la capacidad de aferrarse a la superficie de los alimentos en lugar de escurrirse rápidamente hacia el fondo del plato.


La combinación de sabores me encantó. lo hice para la cena y todos quedaron felices. súper recomendable.
Súper receta esta de ‘Aperitivo Salmon Teriyaki’ . la hice con los ingredientes que tenía y funcionó perfecto.
Nos encantó el resultado esta de ‘Aperitivo Salmon Teriyaki’. me ahorró tiempo y quedó delicioso.