Receta de Lomo de puerco en costra de nuez con salsa de Mostaza
¡Hola! Vamos a preparar lomo de puerco en costra de nuez con salsa de mostaza. Este plato mezcla la jugosidad de la carne con una costra sabrosa que aporta una textura increíble. La salsa cremosa y ligeramente ácida eleva el sabor a otro nivel. Es una opción fantástica para sorprender a tu familia sin complicaciones. El trabajo duro lo hace el horno.
Para organizarnos mejor, hablemos del tiempo que vas a invertir en la cocina. La preparación te tomará aproximadamente veinte minutos. Durante este tiempo vamos a limpiar la carne, sazonarla, preparar la costra y dejar todo listo para el calor. La cocción en el horno tomará unos cuarenta minutos adicionales. Esto nos da un tiempo total de sesenta minutos de principio a fin. Esta receta rinde para cuatro a seis porciones generosas. Su nivel de dificultad es intermedio, pero con las explicaciones paso a paso, cualquier persona puede lograrlo en casa.
El lomo de puerco es un corte de carne sumamente noble. Proviene de la parte superior del cerdo. Es una zona que no hace mucho esfuerzo físico. Por esta razón, la carne es naturalmente muy tierna. Sin embargo, esta misma característica la hace muy magra. Al tener poca grasa infiltrada, corre el riesgo de secarse rápidamente si nos descuidamos con el calor. Aquí es donde entra en juego nuestra técnica. Aplicar una costra protectora ayuda a retener la humedad interior. La costra actúa como un escudo térmico durante el horneado. Además, aporta un contraste crujiente que hace que cada bocado sea muy interesante.
La combinación de sabores en este plato principal es un clásico probado. La nuez aporta notas terrosas y aceites naturales. Estos aceites se tuestan ligeramente con el calor del horno, liberando aromas profundos. Por otro lado, la mostaza tiene un perfil de sabor penetrante y ácido. Esta acidez es fundamental. Corta la riqueza de la carne y de los frutos secos, limpiando el paladar. Al mezclar la mostaza con un toque de miel, creamos un equilibrio perfecto. Lo dulce suaviza lo picante. El resultado es una salsa redonda, brillante y muy apetecible.
La cocina casera actual busca precisamente este tipo de resultados. En pleno 2026, valoramos mucho las recetas que parecen de restaurante pero que se hacen con ingredientes cotidianos. No necesitas equipos complejos ni técnicas de un chef profesional. Solo requieres entender cómo reacciona la carne al calor y por qué usamos ciertos ingredientes juntos. Al comprender el proceso, pierdes el miedo a cocinar cortes grandes. Te invito a leer detenidamente cada paso. Verás que dominar esta receta de carne es mucho más sencillo de lo que imaginas. Prepárate para llenar tu cocina de aromas irresistibles.
El origen y la selección de nuestros ingredientes
Para lograr un resultado excepcional, necesitamos partir de una buena base. Hablemos del protagonista: 1 kg de lomo de puerco. Cuando vayas a la carnicería, pide una pieza entera y uniforme. Busca que tenga un color rosado pálido y brillante. Es ideal que conserve una fina capa de grasa en la parte superior. Esta pequeña reserva de grasa se derretirá lentamente en el horno, aportando sabor y jugosidad extra a la carne. Evita las piezas que se vean resecas o con tonos grisáceos. Para sazonar la base, usaremos simplemente sal al gusto y pimienta negra molida al gusto. La sal extrae un poco de humedad superficial y ayuda a que los sabores penetren en las fibras musculares. Necesitaremos también 2 cucharadas de aceite de oliva. Este aceite tiene un punto de humo adecuado para dorar la carne sin quemarse de inmediato.
El siguiente componente crucial es la costra. Utilizaremos 100 g de nuez picada. Te recomiendo buscar nuez de Castilla por su sabor suave y mantecoso. Pícala tú mismo en casa. Si la compras ya molida, suele estar demasiado fina y pierde el efecto crujiente que buscamos. Queremos trozos pequeños pero perceptibles. Los aceites naturales de la nuez reaccionan maravillosamente al calor del horno. En caso de que no consigas nuez o prefieras otro perfil de sabor, puedes sustituirla por almendra picada. La almendra mantiene el carácter crocante de la receta y aporta un sabor delicado que combina muy bien con el cerdo.
Pasemos a los ingredientes de nuestra salsa. La base será 4 cucharadas de mostaza Dijon. La mostaza Dijon tiene un toque más picante y complejo que la mostaza amarilla tradicional. Está elaborada con vino o mosto, lo que le da una acidez muy elegante. Si no tienes Dijon, puedes usar mostaza amarilla común, aunque el sabor final será notablemente más suave. Para equilibrar esa acidez, integraremos 4 cucharaditas de miel líquida. La miel aporta un dulzor floral que contrasta perfectamente. Es el puente de sabor entre la carne salada y la salsa ácida.
Para darle cuerpo y profundidad a la salsa, usaremos líquidos esenciales. El primero es 100 ml de vino blanco seco. Un vino seco, como un Sauvignon Blanc, aporta frescura y ayuda a despegar los jugos caramelizados del sartén. No uses vinos dulces porque desequilibrarán la receta. El segundo líquido es 100 ml de caldo de pollo. El caldo suaviza la intensidad de la mostaza y alarga la salsa, dándole la textura correcta. Finalmente, ajustaremos con sal y pimienta al gusto. Como acompañamiento, prepararemos 4 papas medianas fritas en aceite para freír y decoradas con un poco de perejil fresco picado. Estos ingredientes simples se transforman por completo cuando aplicamos la técnica correcta.
Utensilios que usaremos para un horneado perfecto
Tener los utensilios correctos a la mano hace que cocinar sea fluido y relajado. Para esta receta, el equipo es muy básico. Empezaremos con una sartén amplia antiadherente o de hierro. Esta sartén será clave en el proceso. Necesitamos dorar la pieza entera de carne antes de hornearla. Si tienes una sartén de hierro fundido, es tu mejor opción. El hierro retiene el calor de manera excepcional. Cuando colocas la carne fría sobre el metal caliente, la temperatura de la sartén no baja bruscamente. Esto garantiza un dorado parejo y rápido. Si usas una sartén antiadherente normal, asegúrate de que sea lo suficientemente grande para que el lomo quepa cómodamente.
También necesitaremos una olla mediana para cocción. Aunque gran parte de nuestra salsa se desarrollará en la misma sartén donde doramos la carne, tener una olla de apoyo siempre es útil para calentar el caldo o freír las papas. Para la preparación previa, un cuchillo afilado y una tabla para cortar son indispensables. Un cuchillo sin filo es peligroso porque requiere más fuerza y puede resbalar. Usa una tabla firme. Un consejo práctico es colocar un paño húmedo debajo de la tabla para evitar que se mueva mientras picas las nueces o cortas las papas.
Para manejar la salsa y raspar el fondo de la sartén, una cuchara de madera o espátula es tu mejor aliada. La madera es ideal porque es firme pero no raya el revestimiento de tus ollas o sartenes. Además, es perfecta para aflojar esos deliciosos pedacitos de carne que quedan pegados al fondo después de dorar el lomo. El siguiente elemento es la fuente refractaria. Este recipiente irá al horno. Puede ser de vidrio templado, cerámica o metal. Lo importante es que tenga paredes bajas para permitir que el aire caliente circule alrededor de la carne y mantenga la nuez crujiente.
Para asegurar que la carne mantenga su forma, usaremos hilo de cocina para amarrar el lomo. Amarrar la carne hace que tenga un grosor uniforme de punta a punta. Si la pieza es uniforme, se cocina al mismo tiempo en todas sus partes. Si no tienes hilo de cocina especial, puedes usar cualquier hilo de algodón blanco que no tenga sabor ni colorantes. Nunca uses hilos sintéticos porque se derretirán con el calor. Finalmente, necesitaremos papel aluminio. Cubrir la fuente refractaria en los primeros minutos evita que la costra de nuez se queme antes de que el centro de la carne esté listo. Estos utensilios caseros son todo lo que necesitas para un resultado gourmet.
Preparación: Cómo hacer lomo de puerco en costra de nuez
1. Preparación del lomo y la costra de nuez
Comenzamos con la pieza de carne. Lava bajo el grifo el lomo de puerco de manera rápida y sécalo inmediatamente con papel absorbente. Secar la carne es un paso fundamental. Si la superficie está húmeda, el agua se convertirá en vapor al tocar la sartén caliente. El vapor impide que la carne se dore y genera un efecto de hervido. Queremos un dorado intenso, así que la superficie debe estar completamente seca. A continuación, espolvorea sal y pimienta negra molida por todos los lados de la pieza. Masajea ligeramente con tus manos para que los gránulos se adhieran bien a las fibras de la carne.
Ahora vamos a formar la costra. Presiona la nuez picada sobre la superficie superior del lomo con la mano firme. La humedad natural de la carne ayudará a que se pegue. Para asegurar que la costra se mantenga en su lugar durante la cocción, usa el hilo de cocina. Pasa el hilo por debajo de la carne y haz nudos cada tres centímetros a lo largo de toda la pieza. Aprieta lo suficiente para sujetar la nuez, pero sin cortar la carne. Calienta el aceite de oliva a fuego medio-alto en la sartén. Coloca el lomo con cuidado y séllalo por todos lados. Gíralo suavemente con unas pinzas hasta que la costra tome un tono dorado. Este proceso tomará unos tres minutos por lado. El sellado rápido retiene los jugos internos.
2. Cocción en horno a temperatura precisa
Antes de empezar a sellar, asegúrate de haber encendido el horno. Precalienta el horno a 160 grados Celsius. Esta temperatura moderada permite una cocción lenta y pareja. Si el horno está demasiado fuerte, la nuez se quemará amargamente por fuera mientras el centro del cerdo sigue crudo. Toma el lomo ya sellado y colócalo en tu fuente refractaria. Cubre la fuente sin apretar demasiado con el papel aluminio. Este papel actuará como una tienda de campaña protectora.
Introduce la fuente en el horno y cocina durante cuarenta minutos aproximadamente. A la mitad del tiempo, puedes retirar el papel aluminio para permitir que el calor seque un poco la humedad superficial y devuelva el crujiente a la nuez. Para saber si está listo, presiona el centro con unas pinzas; debe sentirse firme pero con una ligera flexibilidad. Si cuentas con un termómetro, busca que el centro marque unos 70 grados Celsius. Una vez alcanzado el punto, retira la fuente del horno. Deja reposar la carne durante diez minutos antes de cortarla. El reposo permite que los jugos hirviendo se enfríen ligeramente y se redistribuyan por toda la pieza. Si cortas de inmediato, todo el jugo se derramará en la tabla y la carne quedará seca.
3. Preparación de la salsa de mostaza
Mientras la carne reposa, vamos a crear nuestra salsa. Vuelve a la sartén donde doraste el lomo. Retira el exceso de aceite si hay demasiado, dejando solo una fina capa brillante en el fondo. Enciende el fuego a nivel medio-bajo. Añade la mostaza Dijon y la miel líquida directamente a la sartén. Remueve constantemente con tu cuchara de madera para que ambas se integren formando una pasta dorada. Ten cuidado de no quemar la miel, ya que se oscurece muy rápido.
Vierte el vino blanco seco poco a poco. Escucharás un siseo fuerte. Aprovecha ese momento para raspar el fondo de la sartén con tu espátula. Ese fondo marrón está lleno de sabor a carne asada y se disolverá en el vino. Deja que el alcohol se evapore durante un minuto. Notarás que el olor fuerte del vino desaparece, dejando un aroma dulce. Añade el caldo de pollo y mezcla bien. Sube un poco el fuego hasta que la salsa comience a hervir suavemente. Deja reducir a fuego medio-bajo hasta que la salsa esté ligeramente espesa y cubra el dorso de la cuchara. Prueba y ajusta con sal y pimienta al gusto. Si sientes que está muy ácida, puedes añadir una pizca más de miel.
4. Papas fritas crujientes de acompañamiento
Para acompañar nuestro plato principal, prepararemos unas papas clásicas. Pela las cuatro papas medianas y córtalas en cubos pequeños, de aproximadamente un centímetro por lado. Un corte uniforme asegura que todas se frían al mismo tiempo. Enjuaga los cubos bajo el agua fría varias veces. Notarás que el agua sale blanca al principio; eso es el almidón superficial. Cuando el agua salga clara, escúrrelas y sécalas perfectamente con un paño de cocina limpio. Secarlas evita que el aceite salte peligrosamente.
Calienta abundante aceite en la olla mediana a una temperatura media-alta. Un truco casero es dejar caer un trocito de papa; si burbujea alegremente y sube a la superficie, el aceite está listo. Fríe las papas en tandas pequeñas. Si pones todas de golpe, la temperatura del aceite bajará y las papas absorberán demasiada grasa, quedando blandas. Fríe hasta que tengan un tono dorado y crujiente. Retíralas con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente. Espolvorea sal fina inmediatamente, mientras aún están calientes y brillantes de aceite, para que la sal se pegue bien.
Para terminar y servir
Toma el lomo de puerco que ya ha reposado adecuadamente. Con unas tijeras o un cuchillo pequeño, corta y retira el hilo de cocina con mucho cuidado para no deshacer la costra de nuez. Utiliza tu cuchillo más afilado para rebanar el lomo en medallones gruesos. Coloca un par de medallones en el centro de cada plato tibio. Sirve cubriendo parcialmente la carne con la salsa de mostaza bien caliente, asegurándote de no tapar toda la costra para que no pierda su textura. Acompaña con una porción de las papas fritas doradas y espolvorea el perejil fresco picado sobre las papas para darle un toque de color y frescura herbal. Sirve de inmediato y disfruta de esta maravilla casera.
Técnicas adicionales para dominar esta receta de carne
Para elevar aún más tu técnica en la cocina, es vital entender las reacciones físicas y químicas que ocurren al preparar este tipo de platos. Cuando colocamos el lomo en la sartén caliente, desencadenamos la reacción de Maillard. Este es un proceso químico entre los aminoácidos y los azúcares reductores que da a la comida dorada su sabor distintivo. No es simplemente «quemar» la carne; es crear una nueva capa de sabores complejos. Por eso hago tanto énfasis en secar la carne antes de sellarla. Cualquier exceso de humedad baja la temperatura de la superficie y retrasa esta reacción mágica.
El manejo de los líquidos en la salsa es otra técnica fundamental. El proceso de añadir vino a una sartén caliente se conoce como desglasar. Los pedacitos dorados pegados al fondo se llaman «fond» en el lenguaje culinario. El fond es pura proteína caramelizada. El alcohol del vino actúa como un solvente perfecto para despegar estos sabores y disolverlos en la salsa. A medida que hierves la mezcla, el agua se evapora. Esto concentra los sabores y espesa la textura de forma natural. Si alguna vez notas que tu salsa queda demasiado líquida, simplemente ten paciencia y deja que el calor reduzca el volumen. Si por el contrario queda muy espesa, un chorrito extra de caldo de pollo solucionará el problema al instante.
El corte final también requiere atención. Siempre debemos cortar la carne en contra de la dirección de las fibras musculares. Observa las líneas tenues que recorren el lomo crudo. Cuando cortes los medallones ya cocidos, hazlo de manera perpendicular a esas líneas. Esto acorta las fibras musculares, lo que hace que cada bocado sea mucho más tierno al masticar. Esta misma técnica de corte y reposo es la que aplicamos en recetas similares para mantener la suavidad, como cuando preparamos unos medallones de puerco en reducción de vino tinto. Entender el comportamiento de la carne te convierte en un mejor cocinero, dándote control total sobre el resultado.
Finalmente, hablemos de la temperatura de servicio. Un plato caliente realza los aromas de la salsa de mostaza y mantiene la grasa del cerdo en su estado más sabroso. Acostúmbrate a calentar ligeramente los platos antes de servir. Puedes pasarlos por agua caliente y secarlos bien, o dejarlos un minuto en el horno apagado pero aún cálido. Este pequeño detalle marca una enorme diferencia en la experiencia de comer en casa. Mantiene la salsa fluida y la carne en su punto óptimo hasta el último bocado. Son estos pequeños trucos los que separan una comida común de una verdaderamente memorable.
5 claves para que quede perfecto siempre
Dominar cualquier receta requiere conocer sus puntos críticos. La primera clave es seleccionar un lomo firme. La calidad de la materia prima dicta el techo de sabor de nuestro plato. Al tocar la pieza en el mercado, debe rebotar ligeramente bajo la presión de tu dedo. Si la carne se queda hundida, no está en su punto óptimo de frescura. Un lomo firme garantiza que retendrá sus jugos durante el horneado y que los medallones mantendrán su forma al cortarlos. Pide a tu carnicero de confianza que limpie los excesos de membrana plateada, pero que deje una capita protectora de grasa blanca.
La segunda clave es presionar bien la costra. Muchas veces la nuez tiende a desprenderse al momento de cortar. Para evitar esto, el paso de presionar firmemente los trozos de nuez contra la carne húmeda es no negociable. Además, el amarrado con hilo de cocina crea una presión constante alrededor de la circunferencia del lomo. Al cocinarse, la proteína superficial de la carne se coagula y envuelve los trozos de nuez, fijándolos permanentemente. Si te saltas este paso de sujeción, terminarás con toda la nuez esparcida en la fuente refractaria.
La tercera instrucción vital es no olvidar sellar el lomo. El sellado en sartén aporta más del cincuenta por ciento del sabor profundo de la receta. Ese color dorado oscuro en la superficie es sinónimo de sabor intenso. No tengas miedo a usar una temperatura medio-alta. Si la sartén está tibia, la carne soltará sus jugos y hervirá en lugar de dorarse. Vigila atentamente el proceso. Solo toma un par de minutos por lado, pero hace toda la diferencia entre un cerdo pálido y desabrido y una pieza dorada y apetitosa.
La cuarta clave es cocinar a baja temperatura en el horno. Usar 160 grados Celsius es una estrategia deliberada. Los hornos caseros suelen ser inestables. Al usar una temperatura moderada, le damos un margen de error a la cocción. El calor penetra lentamente hacia el centro de la pieza, asegurando que los bordes exteriores no se sequen antes de que el núcleo alcance una temperatura segura. Además, esta temperatura suave protege los aceites esenciales de la nuez, evitando que se tornen amargos y oscuros por exceso de calor.
La quinta y última clave es la preparación de la salsa al final. Nunca laves la sartén después de sellar el lomo. Todos esos restos oscuros son el alma de tu salsa de mostaza. Usar la misma sartén asegura que ningún gramo de sabor se desperdicie. El fondo de cocción une el sabor natural del puerco con la acidez de la mostaza y el dulzor de la miel. Al seguir estas cinco claves al pie de la letra, te garantizo que el resultado será siempre consistente. Desarrollarás una intuición culinaria que te servirá para muchísimas otras preparaciones en tu cocina diaria.
¿Cuándo es ideal disfrutarlo y con qué acompañarlo?
Este plato principal tiene una versatilidad fantástica. Su perfil de sabores lo hace ideal para celebraciones familiares de fin de semana. Cuando tienes invitados en casa, lo último que quieres es pasar horas encerrado en la cocina mientras los demás conversan. Como el lomo se hornea de manera constante y autónoma durante cuarenta minutos, te da la libertad de organizar la mesa, preparar las bebidas o simplemente descansar un momento. Además, la presentación visual de un lomo entero rebanado en la mesa aporta un aire festivo y abundante que encanta a los comensales.
También es una excelente alternativa para las fiestas decembrinas o cenas de aniversario. El toque de la costra de nuez le da un nivel de sofisticación que asociamos naturalmente con celebraciones importantes. Aunque lo hemos acompañado con papas fritas en cubos, las guarniciones pueden variar según la temporada. En meses más fríos, un puré rústico de papa o camote absorbe la salsa de mostaza a la perfección. En época de calor, una ensalada fresca de hojas amargas como rúcula o endivias corta muy bien la riqueza de la carne de cerdo y de los frutos secos tostados.
La adaptabilidad del cerdo permite jugar con muchas variantes. Si un día quieres cambiar el perfil de sabor hacia algo más afrutado pero usando la misma técnica de horneado, puedes inspirarte en un lomo de puerco relleno de manzana y arándanos. La manzana y el puerco son compañeros históricos en la gastronomía. Si buscas acercar el platillo a los sabores vibrantes de la cocina mexicana, podrías sustituir la salsa de mostaza por un adobo ligero a base de chiles secos y usar semillas de calabaza (pepitas) en lugar de nuez para la costra. Las técnicas que has aprendido hoy, como el sellado y el desglasado, funcionan exactamente igual con ingredientes locales.
Si te sobra lomo cocido, el recalentado debe hacerse con cuidado para no resecar la carne. Córtalo en medallones finos y caliéntalos a fuego muy bajo directamente en un poco de salsa de mostaza sobrante, añadiendo una cucharadita de agua para devolverle la humedad. También puedes disfrutar de rebanadas frías de este cerdo asado en un sándwich artesanal al día siguiente. Una buena rebanada de pan de masa madre, un toque extra de mostaza Dijon, hojas verdes crujientes y los medallones fríos crean un almuerzo absolutamente espectacular. La cocina es un proceso continuo donde nada se desperdicia y todo se transforma.
Glosario culinario para dominar la técnica
Para movernos con soltura en la cocina, es útil conocer el vocabulario adecuado. A lo largo de la receta he mencionado términos que son el pan de cada día en el mundo culinario. Vamos a aclararlos de forma muy sencilla. Empecemos por la palabra Costra. En cocina, una costra es una capa crocante y sólida que se forma sobre la superficie de un alimento. Se logra aplicando calor directo a ingredientes como pan rallado, frutos secos picados o incluso una capa gruesa de especias. Su función principal es doble: aporta una textura crujiente que contrasta con la suavidad interior y sirve de barrera térmica para evitar que los jugos de la carne se evaporen demasiado rápido en el horno.
El término Salpimentar es de los más usados. Básicamente significa sazonar un alimento usando sal y pimienta. Parece un paso trivial, pero es el cimiento de cualquier buen platillo. Hacerlo correctamente implica esparcir los condimentos desde cierta altura (unos veinte centímetros por encima del alimento) para que caigan de forma pareja y cubran toda la superficie, en lugar de formar montones concentrados en un solo punto. La pimienta negra molida al momento siempre ofrecerá un aroma muy superior a la que viene en polvo comercialmente.
Otra técnica estrella es Desglasar. Consiste en verter un líquido, generalmente frío o a temperatura ambiente, sobre una sartén caliente donde acabamos de dorar carne o verduras. El choque térmico y la acción química del líquido, que suele ser vino, caldo o incluso agua, ayudan a disolver rápidamente la capa de proteínas y azúcares caramelizados que están firmemente pegados al fondo de la sartén. Este proceso rescata sabores profundos y tostados que son esenciales para construir una salsa rica y sabrosa con mucho cuerpo.
La acción de Sellar es la técnica de someter la carne cruda a un calor intenso y rápido en una superficie caliente, como nuestra sartén de hierro. El objetivo es dorar fuertemente el exterior en cuestión de minutos. Aunque popularmente se dice que sella los poros, científicamente lo que ocurre es una caramelización profunda y un endurecimiento de la fibra exterior que mejora la estructura y el sabor, preparando la pieza para una cocción prolongada y suave en el horno.
Finalmente, tenemos la técnica de Amarrar o Bridar. Este término se refiere al acto de atar una pieza irregular de carne con hilo de cocina fuerte. Se hace pasando el hilo alrededor de la carne en bucles separados por unos centímetros y apretando suavemente. Esto comprime los músculos sueltos en un cilindro compacto y uniforme. Al tener una forma simétrica, la carne recibe el calor por igual en todos sus puntos, evitando que las puntas más delgadas queden crudas o, por el contrario, que los bordes finos se sequen en exceso. Es un paso simple que demuestra verdadero cuidado en la cocina casera.
La cocina es el espacio perfecto para experimentar, aprender y compartir. Anímate a aplicar estas técnicas con confianza. Observa cómo cambia la textura de los alimentos, huele los aromas que se desprenden al desglasar y prueba cada etapa de tu salsa. Te invito a dejar un comentario si preparas este platillo y a compartir cómo te quedó o qué variantes se te ocurrieron. ¡Tu experiencia siempre aporta grandes ideas para todos nosotros en este camino culinario!
Información Nutricional
Los valores a continuación son estimaciones calculadas por porción para el lomo de puerco preparado con la salsa y la costra, sin incluir la absorción total del aceite de freír las papas.
Calorías: 450 kcal
Proteínas: 35 g
Grasas: 25 g
Carbohidratos: 30 g
Fibra: 3 g
Nota: Los valores presentados son estimaciones nutricionales aproximadas por porción y pueden variar ligeramente dependiendo del tamaño exacto de los ingredientes, el corte específico de la carne y las marcas de los productos utilizados en tu cocina casera.


Muy práctico y sabroso esta de ‘Lomo de puerco en costra de nuez con salsa de Mostaza’. la hice con los ingredientes que tenía y funcionó perfecto. se ganó un lugar en mi recetario.
¡Qué delicia! esta de ‘Lomo de puerco en costra de nuez con salsa de Mostaza’. fue un éxito total con mi familia. perfecta para el domingo.
Lo probé hoy . le agregué un toque de limón y quedó de lujo.